Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿cuantos seremos en total
en las ciudades y en todo el pais?
Sólo aquí, diez mil manos que siembran y hacen andar las fabricas.
Cuanta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura.
Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas.
Un muerto, un golpeado como jamás creí se podria golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores uno saltando al vacío,
otro golpeandose la cabeza contra el muro, pero todos con la mirada fija de la muerte.
¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas. La matanza es acto de heroísmo.
¿Es éste el mundo que creaste, Dios mio?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
En estas cuatro murallas sólo existen un número que no progresa, que lentamente querrá más la muerte.
Pero de pronto me golpea la conciencia y veo esta marea sin latido, pero con el pulso de las maquinas y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.
¿Y México, Cuba y el mundo?
¡Que griten esta ignominia!
Somos diez mil manos menos que no producen.
¿Cuantos somos en toda la patria?
La sangre del compañero Presidente golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Asi golpeará nuestro puño nuevamente.
¡Canto qué mal me sales cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos momentos del infinito en que el silencio y el grito son las metas de este canto.
Lo que vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento...
Estadio de Chile
Septiembre de 1973
domingo, 27 de mayo de 2007
jueves, 24 de mayo de 2007
El Otro Yo
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
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Mario Benedetti
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: "Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte, tan saludable".
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
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Mario Benedetti
lunes, 21 de mayo de 2007
El Cumpleaños de Juan Angel
“Son exactamente las once menos cinco cuando suena el disparo y el vidrio de la bandera se hace añicos a menos de dos metros de Marcos dormido.
Abundantes puteadas a nivel de susurro. Con el segundo tiro todas esas hasta poco antes enhiestas jirafas se transfoman en planísimos lagartos (pero hay una brutal hermosura en esta alfombra de cuerpos tendidos a la buena de Dios).
- Te siguieron, tarado - dice Luís Ernesto brutalmente a Agustín.
- Te siguieron, botija - le dice suavemente Marcos y sonríe con resignación.
Como los albañiles se pasan los ladrillos ellos se pasan las armas (y la de Juan Angel pesa como él jamás imaginó que pudiera pesarle) y ex Osvaldo decide que éste es el momento de jubilar para siempre a su ex narciso, aunque no sin antes maldecirse por haber ahorrado inútilmente el semen fructuoso y no haber besado más muchachas en la edad en que nada hay tan importante como besar muchachas y recordar de pronto falsas maravillas tales como malvones diávolos picaflores mecanos ombligos pipas sanguijuelas alicates pirañas gramófonos candiles y otros infantiles motivos de estupor que el tiempo del adulto desprecio se encargaría luego de poner en su sitio. Acabo de descubrir que hace por lo menos tres minutos que no tengo miedo.
Se decide que burlarán la emboscada escapándose por las cloacas y que Marcos se quedará, voluntario, para cubrirles la retirada. Uno tras otro van bajando por el pozo metafórico:
- Ojalá vivas, Marcos - dice Edmundo y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Pedro Miguel al tiempo que lo abraza transido e indeciso en su lupas de miope. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Olga mientras lo besa y llora y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Domingo que lo toca sin tocarlo y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Agustín que no se atreve a sentirse en pecado. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Ernesto envolviéndolo en su afecto tentáculo. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Vera, muchacha pabilo con una minúscula llama en los ojos. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Hugo, que lo abraza casi paternalmente (pero su voz despreocupada no le gusta a Osvaldo). Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Rosario mientras lo acaricia con su adiós apacible.Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Estela que es la única que lo besa en la boca (con miedo con derecho con costumbre) y se pierde en el pozo.
- ¿Sabes? - le dice Juan Angel a Marcos por decir algo - hoy es mi cumpleaños. Confieso treinta y cinco pero también son veinte diecisiete catorce.
Marcos lo mira sin preguntas y no le dice “que los cumplas feliz” aunque podría decirlo. Juan Angel lo mira por última vez y lo ve generoso como una hormiga modesto como un búfalo fiel como un oso colmenero.
- Ojalá vivas, Marcos - piensa -. Y se pierde en el pozo.”
* De este Marcos tomó su “nombre de guerra” el Subcomandante Marcos, lider del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), según lo comunicó él mismo a Eduardo Galeano en carta pública. (O sea que aquellos “ojalá” de sus compañeros se cumplieron: Marcos vivió.)
Fragamento de “El Cumpleaños de Juan Ángel (1971), extraído de “EL AGUAFIESTAS La biografía” (Madrid, 1996)
EDITORIAL ALFAGUARA
Abundantes puteadas a nivel de susurro. Con el segundo tiro todas esas hasta poco antes enhiestas jirafas se transfoman en planísimos lagartos (pero hay una brutal hermosura en esta alfombra de cuerpos tendidos a la buena de Dios).
- Te siguieron, tarado - dice Luís Ernesto brutalmente a Agustín.
- Te siguieron, botija - le dice suavemente Marcos y sonríe con resignación.
Como los albañiles se pasan los ladrillos ellos se pasan las armas (y la de Juan Angel pesa como él jamás imaginó que pudiera pesarle) y ex Osvaldo decide que éste es el momento de jubilar para siempre a su ex narciso, aunque no sin antes maldecirse por haber ahorrado inútilmente el semen fructuoso y no haber besado más muchachas en la edad en que nada hay tan importante como besar muchachas y recordar de pronto falsas maravillas tales como malvones diávolos picaflores mecanos ombligos pipas sanguijuelas alicates pirañas gramófonos candiles y otros infantiles motivos de estupor que el tiempo del adulto desprecio se encargaría luego de poner en su sitio. Acabo de descubrir que hace por lo menos tres minutos que no tengo miedo.
Se decide que burlarán la emboscada escapándose por las cloacas y que Marcos se quedará, voluntario, para cubrirles la retirada. Uno tras otro van bajando por el pozo metafórico:
- Ojalá vivas, Marcos - dice Edmundo y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Pedro Miguel al tiempo que lo abraza transido e indeciso en su lupas de miope. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Olga mientras lo besa y llora y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Domingo que lo toca sin tocarlo y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Agustín que no se atreve a sentirse en pecado. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Ernesto envolviéndolo en su afecto tentáculo. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Vera, muchacha pabilo con una minúscula llama en los ojos. Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Hugo, que lo abraza casi paternalmente (pero su voz despreocupada no le gusta a Osvaldo). Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Rosario mientras lo acaricia con su adiós apacible.Y se pierde en el pozo.
- Ojalá vivas, Marcos - dice Estela que es la única que lo besa en la boca (con miedo con derecho con costumbre) y se pierde en el pozo.
- ¿Sabes? - le dice Juan Angel a Marcos por decir algo - hoy es mi cumpleaños. Confieso treinta y cinco pero también son veinte diecisiete catorce.
Marcos lo mira sin preguntas y no le dice “que los cumplas feliz” aunque podría decirlo. Juan Angel lo mira por última vez y lo ve generoso como una hormiga modesto como un búfalo fiel como un oso colmenero.
- Ojalá vivas, Marcos - piensa -. Y se pierde en el pozo.”
* De este Marcos tomó su “nombre de guerra” el Subcomandante Marcos, lider del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), según lo comunicó él mismo a Eduardo Galeano en carta pública. (O sea que aquellos “ojalá” de sus compañeros se cumplieron: Marcos vivió.)
Fragamento de “El Cumpleaños de Juan Ángel (1971), extraído de “EL AGUAFIESTAS La biografía” (Madrid, 1996)
EDITORIAL ALFAGUARA
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